pandemia

(Por Leandro di Nardo, director de NUMAN – Headhunter Industrial) Las compañías industriales coinciden en que pese a la información que les llegó desde China y otros países que sufrieron el COVID-19 antes que Argentina, nunca imaginaron esta catástrofe que está viviendo el mundo, una parada de actividad tan prolongada, y los efectos a largo plazo que tendrá la pandemia luego del reinicio de operaciones.

Así lo expresaron los líderes de plantas industriales de grandes empresas automotrices, autopartistas, metalúrgicas y electrónicas, consideradas como no esenciales durante las primeras etapas de la pandemia, en un encuentro virtual que organizamos desde NUMAN con la participación de representantes de la industria automotriz, autopartista, metalúrgica y electrónica, donde manifestaron profunda preocupación en relación al futuro financiero.

Con marzo, abril y mayo caídos, las empresas anticipan un fuerte impacto hacia adelante en relación a la disminución de los volúmenes de cada industria, principalmente la automotriz. Por ello están gestionando beneficios contemplados en el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP).

En este contexto se prevén altos costos vinculados a la parada de planta, aunque las empresas reconocen que no hay costo comparado con lo que podría suceder si llegaran a tener un caso positivo. Intentar evitar por todos los medios este tipo de escenarios es una prioridad y para lograrlo tienen previsto y contratado el incremento del personal de limpieza, materiales, barbijos, y todo los recursos que sean necesarios para asegurar la seguridad del personal.

Preocupan los elevados costos propios pero también que toda la cadena de proveedores esté en condición de solventar los suyos, ya que no sirve que la empresa y sus clientes puedan avanzar si cualquiera de los proveedores se cae.

Todas las empresas están realizando acciones muy fuertes en relación a sus costos fijos para mitigar el impacto, bajo la premisa de cuidar la caja y darle prioridad al pago de salarios.

Se está renegociando todo, afirman. Por ejemplo, los alquileres de planta (buscando que los dueños también asuman parte del impacto) y de autoelevadores. También se busca que los servicios de informática y otros servicios de asistencia que eran costos fijos, se flexibilicen. Además se pretenden llevar las opciones de pago a 60-90 días. Para ello cuentan con un fuerte soporte de abogados que buscan huecos en los artículos de fuerza mayor de los contratos.

En general, están notando una actitud positiva de negociación frente a la ruptura de hecho de los contratos, al haber cambiado el contexto 100%. Sin embargo, frente a una caída de ventas que califican como ‘infernal’, admiten que las reducciones de costos son insuficientes y las negociaciones muy duras. En este proceso, se prioriza a los proveedores más críticos.

Otro tema espinoso son los volúmenes de stock inmovilizados (frente a los 15 días de stock que se tenían habitualmente, ahora se tienen 30 días o más). Una situación que afectó la caja.

Se sostiene que el foco principal del problema tiene tres variables en lo económico: oferta, demanda y financiero. Se entiende que hay una demanda que obviamente no va a ser la misma que se esperaba antes de marzo, sobre la cual ya se están corriendo riesgos de no satisfacerla (pese a su deterioro) al no tener conciencia de cuándo podrán estar operando “normalmente”.

Desde una perspectiva positiva, las compañías autopartistas manifiestan que la caída del 50% del volumen que se anticipa para la industria automotriz -luego de la vuelta a operaciones- podría darles oxígeno, ya que todo lo que llevaba un mes de transito pasó a implicar cuatro meses.

Se considera que cuidando la caja se va a poder atravesar estos primeros meses de pandemia, con ayudas del gobierno y eventualmente con alguna suspensión. Pero coinciden en definir al período post cuarentena como complicado, si se confirma la reducción del volumen estimada de un 50% por un largo periodo de tiempo.